miércoles 16 de enero de 2008

Morir por ti...

CAtalogada por algunos sondeos post - nuevo milenio como la canción mas tierna de todas las que existen en este planeta, aqui les muestro el video de una de mis canciones favoritas interpretada por uno de mis grupos favoritos: Theres a light that never goes out por The Smiths.




El relato: Morir por ti...

Tengo un volsvaguen, un escarabajo color rojo oscuro. Mis amigos le llaman con cariño "la cucaracha de grifo" pero yo lo miro con orgullo porque me costó muchos años de no almorzar e irme a pie a mi casa.

Hoy lo he limpiado y encerado sólo para ti, porque me pediste que te lleve a esa fiesta y vamos a ir juntos. Toda esta semana estuve juntando las propinas para tener el dinero para la gasolina y para invitarte un par de tragos. Ya quiero que sea la hora de ir a recogerte.

Yo trabajo en el Mc Donalds, empecé como todos, limpiando baños pero luego de pasar por eso y por la cocina (no se cual de los dos es más asqueroso), me ascendieron a la caja por ser tan buen empleado. A los dos meses de estar en casa fue que te conocí.

Tu venías todos los dias a comer una ensalada, venías con tus amigas que eran bien graciosas: ni bien llegaban a la caja se me aventaban y querian quitarme el gorrito. Pero tu nunca te prestaste para esos jueguitos. Te quedabas ahi, tranquilita, esperando a que a tus amigas se les pase la gracia. Yo siempre te observaba de lejos y tu no te dabas cuenta. Es que ni bien te vi me gustaste.

Por eso, cuando me dijeron que tenía que cambiar de turno, lloré, aunque me iban a dar descanso el fin de semana, me hice la idea de que nunca más vería tu pelito castaño, tus ojos enormes y tus pestañas, esas pestañas que hubiera comido a punta de besos.

Pero un día, en mi turno de la noche llegaste tu, sola, y te sentaste en una mesa. Mis amigos ya sabían que tu me gustabas y a empujones me hicieron acercarme a ti. Hola -te dije- ¿quieres ordenar algo? Tu me miraste con tus ojitos lindos y me dijiste "Yo me acuerdo de ti, ¿tu no estabas en la tarde atendiendo en la caja?". Para mi esa fue la gloria.

Me tomé la libertad de sentarme y hacerte la conversación, aunque me dio mucha pena cuando accidentalmente rozé tu mano y la retiraste asqueada. ¿Tu limpias baños?- me dijiste- Ah no, por favor, como se te ocurre, te respondí.

Pasaron las semanas y tu siempre venías por las tardes y yo aprovechaba un descuido de mi jefa para sentarme a conversar, me decias que te gustaba venir a esa hora de la noche porque había poca gente y no tenías que esperar mil horas por una hamburguesa, me contaste también que estudiabas en una universidad cerca de ahi pero tu carrera no te agradaba mucho, por eso querías estudiar algo más corto y que te haga ganar mucha plata, como flight hostess o publicidad.

Yo te escuchaba con mucha atención, tanta que cuando me contabas algo repetido yo te decía "Eso ya me lo contaste". Un día me dejaste acompañarte a tomar tu carro.

- Si podemos salir juntos otro día te puedo llevar a tu casa en mi carro.
- Que, ¿tienes carro?
- Si.
- ¿Pero por que no me lo dijiste? ¿Vamos a una fiesta en la playa?

Y casi me caigo de espaldas: ella, tan linda, con esos ojazos y oliendo tan rico, me estaba diciendo para ir los dos solos a una fiesta en la playa Asia. Yo ni conocía pero si sabía que era lejisimos pero no importaba.

Esa semana dejé de comprar mi almuerzo (odio las hamburguesas que nos dan en el trabajo) y llevaba frutitas. Tengo que reconocer que por ratos me cansaba un monton pero recordaba nuestra cita de ese fin de semana y ya deseaba que la semana pasara pronto. Con dos dias de anticipación me senté con los planos de calles de Lima para verificar tu dirección. El papelito que me diste olía a tu colonia.

Un día antes, escogí la ropa que me iba a poner, algo veraniego, tuve que coser un polo muy bonito que mi mamá me había regalado porque la última vez que salí a tomar con mis amigos se me rasgó, pero felizmente no se notaba mucho. Como me faltaba plata para la gasolina tuve que robarle dinero a mi sobrinito, pero igual, no me dijo nada porque el tambien siempre me robaba dinero a mi.

Y hoy me levanté temprano, estuve toda la mañana puliendo mi carro, lo dejé brillante. Me bañé, me cambié y puse en un maletín mi ropa de baño y mi toalla, pensaba pedirte que nos quedaramos hasta el amanecer en la playa y luego irnos a bañar al mar.

Manejé por una hora y media antes de llegar a tu casa, no sólo por que era lejos sino porque me perdí entre tanto pasaje y tanta reja de tu urbanización, pero luego de dar vueltas y vueltas vi tu casa, tal cual me la habías descrito: un balcón, paredes blancas y un portón de metal con un guachiman en la puerta.

Toque el timbre y me respondiste que ya salias, yo corrí a abrir la puerta de mi carro para esperarte. Quince minutos despues saliste y estabas linda: miniflada color negro, polo blanco, zapatos con un taco pequeñito y una cartera con bolitas. Te habias maquillado un poquito y se te veía mayor. Estabas preciosa e ibas a ir conmigo a la playa, no lo podía creer.

Te acercaste y abrí la puerta para que pasaras pero te detuviste en seco. Yo te dije que si querías podías traer tu ropa de baño para ir a bañarnos mañana pero me cortaste en seco. ¿Este es tu carro? - me dijiste -. Si - te respondí orgulloso- mis amigos le dicen cucaracha de grifo pero hoy lo he encerado y se ve pintón ¿no?.

Un ratito - me dijiste muy seria, tal vez habías olvidado algo en tu casa - ya regreso. Y te fuiste, caminando despacito, aproveché para verte un ratito las piernas. Las tenias lindisimas.

Como me cansé de esperarte afuera (ya llevabas como quince minutos dentro de tu casa), entré al carro a esperarte. A lo lejos unos perritos jugueteaban: uno le mordía el cuello al otro pero muy suavecito. Yo me preguntaba si derrepente un día yo podría morderte el cuello así, me preguntaba tambien si quiza podría ser esta noche, o quizá mañana en la playa. Como esta semana no había comido mucho, la barriga cervecera me había bajado un poco, así no me daría verguenza que me vieras en ropa de baño.

Andaba pensando en eso y viendo a los perritos cuando se paró delante de mi un carrazo, era un Alfa Romeo rojo, convertible, nunca había visto un carro de esos, sólo en películas.

Derrepente saliste corriendo de tu casa, yo casi me caigo por salir rápido del carro a abrirte la puerta pero te acercaste a mi y me hiciste un pucherito: Ay disculpa Carlitos - me dijiste - es que me acabo de enterar que vamos a ir un monton de chicos a la playa y tu carro es muy chiquito, no vamos a entrar todos. ¿Pero si quieres otro día ya?

Me quedé helado, parado al costado de la puerta mientras corrías al Alfa Romeo y ibas a a playa. Habrían pasado como 10 minutos cuando se me acercó el vigilante de tu casa y me pidió que moviera el carro. Sólo atiné a sentarme al timón y pensar mientras encendía mi carrito.

Luego de muchos intentos recordé que había olvidado arreglar el carburador por estar tan ocupado por los preparativos para llevarte a la playa. El vigilante de tu casa ya me estaba mirando feo así que me tuve que bajar a empujar. Rasgué de nuevo el polito que me regaló mi mamá.

Mientras me iba empujando el carro vi que los perritos ya no estaban jugando. Uno se había subido encima del otro y se balanceaba como campana. Estaban tirando, felices de la vida mientras yo pensaba que si mi carro hubiera sido más grande, más bonito, más nuevo, quizá esa noche estaríamos igual que los perritos: mordiendonos y tirando.