martes 20 de mayo de 2008

Café de mujeres



Un cigarro, lágrimas, un "por que me dejó" en la mesa. Una compañera de género consolante que se esfuerza por calmar tu pena para que dejes de sufrir por el hombre en cuestión porque "todos los hombres son unos perros".

Un retoque de labios para estar decente (nunca sabes cuando te sorprenderá el amor y si llega, que te encuentre arreglada ¿no?).

Una ranchera en la mente (ojala que te vaya bonito...), fondo musical perfecto para lo que tu mente imagina: el hombre de tus desvelos revolcándose riquisimo con una mujer. Obviamente, ella es una zorra horrorosa y barata mil veces inferior a ti.

(Pero bien que a él le gusta, si no estaría contigo ¿no?)

Y tu compañera de género te mira a los ojos y te toma las manos: Ya vendrá otro, te dice, y será mucho mejor que él.

Pero tu intuyes que el siguiente demorará en venir y calculas las horas, los días y las noches solitarias que pasarás sin que un hombre te toque siquiera la mano, o peor aún, te haga el amor. Tu que solias jactarte de tu vida sexual, ¿cuanto tiempo la pasarás sin sexo?

La mujer a tu lado, tu amiga que ha dejado todo por correr tras de ti a socorrerte no se cansa de mirarte e insistir. Ahora ha posado la mano sobre tu pierna y te la acaricia.Te abraza y te das cuenta que en varios dias ese ha sido el contacto físico más próximo que hayas tenido. Surgen lágrimas. Es la proximidad de un cuerpo tibio la que te emociona tanto.

Y mientras ella te abraza por tu mente discurren los momentos con el: los orgasmos fingidos a pesar de que el sexo era maravilloso, las caminatas contemplándose mutuamente como dos cojudos quinceañeros, los helados en verano, tantas cosas que no oyes bien cuando ella empieza a hablarte al oido. Cada vez te aprieta más fuerte.

Una mesa con dos cafés ya frios, la pena no te deja tragar bebida ni bocado. Las lágrimas que han arrasado con tu maquillaje para ojos (y eso que era waterproof), un dolor en el vientre que no es digestivo sino de ansiedad, un espejo donde te observas de reojo mientras lloras en su hombro, la verguenza de ver que otras gentes te estan mirando mientras les regalas tus lágrimas para que murmuren.

Pero ella ya dejó de susurrar y te acaricia el cabello. Caes en la cuenta de que la gente no te está mirando porque lloras, sino porque ella está frotando tu muslo con una mano, muy suavemente, y con la otra acaricia tu cabello. Perdóname, te dice, no0 pude contenerme.

Ella te pone la cara más inocente del mundo y sonrie.¿Pero ya te sientes mejor no?

Tú que creias necesitar un pene entre las piernas para poder sentirte mujer, miras los dedos finos de tu amiga y piensas que se sentirá tener su fino dedo medio entre las piernas. Despues de todo ella tiene un rostro masculino fascinante.

Tu le dices que sí, que estas mejor. Y sigues pensando en su dedo medio mientras el recuerdo de él se disuelve en la pastilla de stevia que le pones a tu café para no engordar.