sábado 10 de enero de 2009

Asi estan las cosas hoy



Por que no puedo capturar
un instante de felicidad
y vivir en el
para siempre.

Por que no puedo detener el tiempo
antes de abrirme las entrañas
con mis propias manos.

Por que tengo una pena en el cuerpo
una lagrima en el pecho
que no quiere salir
ni dejarme respirar.

Por que si es tan facil para mi
desollarme viva
comerme mis visceras crudas y beber mi propia sangre
no puedo abrir
mis propios brazos
y recibir.

Por que desprecio la realidad
y habito en mis pensamientos.

Por que me inyecto veneno en la sangre.

Por que no soporto el silencio
y tampoco puedo escuchar
una canción.

Por que me clavo agujas en los ojos
navajas en los oidos
sanguijuelas en las piernas
acido en el estomago
nicotina en los pulmones
antes de mirar
adentro de mi.

Por que me disparo en la sien
todos los dias de mi vida
y no me duele.
Y sigo caminando
con la sangre chorreando
y dejando un rastro
que ya nadie quiere seguir.

jueves 8 de enero de 2009

Beatita



Que sería si vieses mi espalda
Melchorita Saravia


Beatita, beatita (calatita),
¿que misterio se oculta detrás de tu faldita?

Hoy miraste hacia abajo por primera vez en tu corta vida. Miraste donde nadie antes te había mirado (No la mires fijamente, ¡ella será santa!). Esa enredadera de pelos esconde el capullo de tu virtud sin desflorar.

Sentada en el inodoro, revuelves con tu dedito sacrosanto el vello púbico. Ese dedito travieso que se mezcla ahora con la orina que sale de ti ha empezado a explorar los confines de un territorio virgen, una selva negra y rosa urgida por ser descubierta.

Cierras los ojos y piensas en Cristo en la cruz, sus pectorales, su torso desnudo, sus cabellos castaño claro (siempre te atrayeron los hombres delgados, blancos, lampiños). Sigues bajando y en tu mente imaginas que habrá detrás de ese taparrabo salpicado de sangrecita. Tu dedito travieso sigue acariciando y explorando.

Hace quince minutos has terminado de orinar y sigues en el baño. En la cocina, tu madre piensa que estas orando. No sabe que ahora piensas en ella: esas tetas enormes que dieron de lactar a tus tres hermanos, esas caderas desbordantes que tu padre acaricia todas las noches, ese sudorcito en la frente de tanto mover las ollas calientes.

Ahora tu mano ha resbalado por tu pecho casi impuber. Eres una mujer delgada y enfermiza, en ese cuerpo comido por los latigazos y virus no hay espacio para la belleza. No heredaste las generosas carnes de tu madre.

Acaricias nuevamente ese pecho plano. Ahora piensas en ti. Eres una mujer hermosa, tus cabellos negros hirsutos y cortos derrepente se convierten en una maraña de cabellos castaño claro. Una melena de leon que agitas al viento.

Tus huesos han sido rodeados por grasa que te hace dueña de unas caderas enormes. Tus piernas se elevan al cielo mientras ese dedito travieso que habías olvidado por acariciar tu pecho cobra vida una vez más. No eres esa beatita humilde que reza en la grutita que hiciste con tus manitas huesudas. Eres una mujer hermosa que se regala placer y lo grita al viento.

Con una mano recorres tu trasero, has apretado las nalgas porque sientes llegar el momento preciso del clímax. Te arrodillas frente al inodoro porque no puedes creerlo. Frente a ti Cristo, tu madre y tu con el cuerpo de otra te reciben en unos tibios brazos que te mecen y te hacen estremecer.

Si.

Ahora despiertas del sueño. Es tiempo de volver a la letanía de la oracion eterna. Tiempo de mirar a Cristo desde abajo hacia arriba y de agachar la cabeza para que tu madre te pegue por pecadora. Ahora es tiempo de vendarse los senos para ocultar tu cuerpo a los hombres. Es tiempo de recoger el charco de tus líquidos orgásmicos para ocultar toda evidencia de tu capacidad de sentir placer.

Ahora es tiempo de darte latigazos en la espalda por el triste pecado de ser humana.

lunes 5 de enero de 2009

Ellos



Si tu quisieras
...ver mi interior
(Angel)


Ellos duermen en un cuarto de hotel.

Llegaron anoche, bastante borrachos luego de bailar acariciándose los genitales con sus manos y con sus cuerpos. Ella subio corriendo las escaleras con la llave del cuarto de hotel en la mano y el la perseguía, pellizcándole las nalgas.

Sus risas despertaron a quienes se encontraban durmiendo.

Torpemente ella intentaba abrir el cuarto del hotel mientras el la atacaba por la espalda. Le mordía el cuello y el rostro y le desataba la blusa mientras ella se estremecía y soltaba la risa al viento. Pudo abrir la puerta justo cuando el había alcanzado uno de sus senos y lo apretaba.

Entraron corriendo y riendo a la habitación, cada caricia despertaba una carcajada sonora. Él terminó de quitarle la blusa y ella le desabotonó el pantalón. Eran felices en su pequeño mundo cruel y erotico.

Lentamente se miraron a los ojos mientras caian a la cama. Él la sujetó de la espalda y la cabeza para depositarla suavemente entre sus brazos. La abrazó y le besaba todo el rostro mientras sentía muy cerca su cuerpo desnudo. El tenerla así le produjo una erección.

Ella entrecerró los ojos para distorsionar su visión. El tenerlo encima así tenía que ser algo irreal. Verlo entre penumbras era más acorde con la experiencia increible de mirar como le besaba los senos con los ojos cerrados. Acarició su cabeza de niño rebelde.

Y mientras la miraba a los ojos creyendo que era la criatura más divina que se había posado en sus brazos, ella, la artifice de sus más grandes alegrías, de sus odios más profundos, de sus penas infinitas y de sus depresiones suicidas, la penetró suavemente, para disfrutar desde su centro el recorrido delicioso desde su vagina hasta su útero.

Ambos gimieron, se miraron a los ojos y sonrieron.

Entrelazaron las manos mientras se movían al compás del ritmo que ellos mismos estaban inventando, sus senos se movían como olas en el mar y sus piernas la apretaban cada vez más fuerte, a medida que las emociones se hacían más intensas.

Te amo mi amor.
Te amo mi vida.


Y derrepente se elevaron sobre la cama. Ella lo abrazó fuerte para no caerse. Atrás quedaba el cuarto de hotel con las sábanas manchadas de sudor, sangre y semen, atrás quedaba el piso con las ropas revueltas, los zapatos tirados por cualquier parte, el televisor sintonizando un programa de dibujos animados, la mesa de noche, el whisky.

Espacaparon por la ventana completamente desnudos y se miraban a los ojos. Él le besaba las manos y ella se acurrucaba en su pecho con los ojos cerrados. Que linda, le susurraba.

Y se abrazaron para siempre en el micro de regreso a casa, de regreso a la realidad. Feliz año nuevo, que la pases bonito, un beso, una lágrima contenida y una pena en lo hondo.

Pero por detrás, ellos saben que siempre serán esos durmientes, mis durmientes que esperan un soplo de vida para levantarse e iluminar la ciudad con sus gritos destemplados de sexo del bueno, esos que apagan focos en los postes de luz a su paso, esos que, desnudos, se comen el mundo mientras bailan con los ojos entreabiertos.

Esos durmientes que al cruzar la esquina podrán ser vistos ocultando las ganas de darse un beso.

Reinita



Mujer, hembra sinuosa de senos turgentes. Esa, si, esa que me mira al otro lado de la esquina y busca mis ojos. Esa que sabe que rehuyo su presencia precisamente porque me encanta mirarla.

Guapa, te impones sobre cualquiera de las paredes que te pongo enfrente. Das un paso adelante y yo doy uno atras rogando que los pies respondan más rápido que el cerebro. Temo no resistir y tocarte, temo que no te gusten mis manos o mis caricias torpes.

Tal vez el hecho de saber lo que es tener un útero adentro pueda ser el punto de partida para empezar, tal vez el hecho de saber que nos tocamos en el mismo sitio para sentir placer pueda unirnos más alla de una simple mirada.

Sientate en mi cara.

Reinita, quiero tocarte la cintura, quiero sentir tu cuerpo frente al mio y susurrarte al oido hasta que no queden palabras para decirte, que me subas al cielo de un beso y me bajes a la tierra de un golpe.

Quiero que seas cruel conmigo como nadie antes lo fue porque eso me gusta, que te desnudes frente a mi y la impresión no me permita moverme, que la impotencia de la inamovilidad me agobie, que menees ese trasero tuyo frente a mi ojos y sonrias, que me envuelvas con tu presencia, con tu aroma a chocolate amargo.

Y aqui estoy, una vez más, aunque me voltees la cara y dibujes una sonrisa en esos labios dulces que no he probado aún. ¿Sabes que me haces temblar las piernas?¿Sabes que despierto complacida y húmeda pues te creo a mi lado pero luego me doy cuenta que es mi imaginación?

Yo creo que si lo sabes.

Vamos niña, empuja mas fuerte, que esta noche sacaré fuerzas desde donde no soy para resistir tus ataques fébriles, lloraré lágrimas de aceite para lubricar mi rostro y que resbales tu lengua por él, arañaré tu espalda para tatuar mis iniciales. Esta noche serás mia para toda la vida aunque se que mañana adornarás la cama de otros.

Pero te das la vuelta sin hacerme caso, sin darte cuenta que accidentalmente he tropezado hasta rozar mis senos con tu espalda, esperando poder despertar emociones en tu cuerpo. Pero eres indiferente a mis demandas y sigues de largo, meneando tus caderas de amazona que hubieran sido mi delirio y mi altar pagano.

Te vas y dejas estas líneas de fantasías frustradas a tu paso para que se las lleve el viento. Al menos mis fantasías alimentarán mis noches hasta encontrar otra hembra maravillosa como tu, o quizá en este cerebro retorcido haya espacio para dos de tu tipo.

Quien sabe.